“Tenía una forma de hablar de inversiones que me resultaba muy atractiva.”
La primera cita fue en Le Bernardin.
“Mientras cenábamos me contó que prácticamente no tenía deuda en ninguna de sus propiedades.”
“Ahí sentí mariposas.”
“Es un hombre muy seguro. Financieramente, sobre todo.”
“Después descubrí que además tenía edificios comerciales.”
“Ahí dije: este hombre tiene algo especial.”
—¿Qué fue lo primero que te llamó la atención al conocerlo?
“Tenía puesto un Patek Philippe lleno de diamantes. No te voy a mentir, ayudó.”
“La gente piensa que estoy con él por la plata y eso me duele muchísimo.”
“También tiene acciones, bonos, propiedades comerciales y bastante liquidez.”
“Podemos pasar horas hablando de cualquier cosa: propiedades, inversiones en bolsa, activos, tasas de interés, cap rates y mi tema favorito, sus seguros de vida. Todos a mi nombre.”
“Soy una mujer bastante simple. Me gusta viajar, comer bien, no trabajar nunca y salir de compras.”
—Si mañana perdiera todo, ¿seguirías con él?
“Obvio.”
Se quedó pensando.
“¿Todo todo?”
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