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Una cena entre cuatro amigos terminó en una acalorada discusión al momento de pagar la cuenta.

Los cuatro habían pedido exactamente la misma comida: dos empanadas cada uno y dos pizzas grandes para compartir, una de muzzarella y otra de anchoas. Gente particular.

La única diferencia era la bebida.

Mientras sus tres amigos tomaron dos cervezas cada uno, el Ratón Pérez tomó una sola.

Cuando llegó la cuenta, Pérez la agarró, sacó el celular y abrió la calculadora.

“Disculpen, muchachos, pero yo tomé una cerveza menos. Entre la cerveza, los impuestos y el 8% de propina, que a mí me parece más que razonable, mi parte son $8,42 menos.”

“Vos siempre haciendo ingeniería fiscal con la cuenta”, le dijo Gustavo.

“No es ingeniería fiscal. Es pagar lo que corresponde”, respondió Pérez.

Sus amigos propusieron dividir la cuenta en cuatro y seguir con sus vidas.

Pérez se negó.

“No me parece justo que por haberme controlado tenga que financiar la segunda ronda de los demás.”

Agustín perdió la paciencia.

“Siempre lo mismo con vos, Ratón. Nos hacés la misma grasada cada vez que salimos.”

Pérez intentó explicar nuevamente que no se trataba de la plata.

Fue entonces cuando Agustín lanzó la frase que terminó de encender la discusión.

“Tu ex te dejó por esto.”

Pérez levantó la vista del celular.

“¿Qué carajo tiene que ver mi ex con la cuenta?”

“Todo. Tiene todo que ver”, respondió Agustín.

“Andate bien a cagar, Agustín.”

Uno de los otros amigos intentó calmar la situación y recordó que durante años habían dividido las cuentas de la misma manera.

“Si ustedes vienen haciendo mal las cuentas hace años, no es problema mío”, respondió Pérez.

Después volvió a revisar el ticket.

“Además, yo agarré tres porciones de pizza. Marcelo agarró cuatro.”

Hubo unos segundos de silencio.

“Eso también habría que verlo.”

“¿Sabés qué, Ratón? Pagá lo que vos pienses que es correcto”, le dijo Agustín.

Pérez permaneció unos segundos en silencio.

“Bueno. Si ustedes están de acuerdo.”

Pagó $8,42 menos.