Ramiro Benítez creció escuchando hitazos de Coldplay como Yellow, Viva La Vida y The Scientist.
El problema era que no hablaba inglés, aunque eso nunca le impidió hacerse el cool mientras tarareaba canciones de rock en inglés y se tomaba una cerveza Gallo bajo el calor agobiante de Quetzaltenango, Guatemala.
“Yo escuchaba la música y decía: estos tipos deben estar diciendo cosas increíbles.”
Ramiro emigró a Estados Unidos a los 29 años y no le quedó otra que aprender el idioma.
Con el tiempo empezó a descubrir lo que realmente decían las canciones que había escuchado durante toda su adolescencia.
La experiencia fue realmente devastadora.
“Durante años pensé que no los entendía por la profundidad de sus letras, la belleza de sus metáforas y esa capacidad única de poner en palabras cosas que uno apenas podía sentir. Resultó que simplemente no entendía inglés.”
Con Yellow llegó una de las mayores decepciones.
“Cuando entendí Yellow, me di cuenta de que capaz el tipo no estaba enamorado. Capaz tenía cataratas.”
Paradise no corrió mejor suerte.
“Paradise me generaba sentimientos, ¿entendés? Me llevaba a un lugar. Ahora sé que el 78,9% de la canción es la palabra ‘para’ repetida.”
Para Ramiro, el patrón se repitió canción tras canción.
“Era un tipo triste hablando de colores.”
Ramiro asegura que su decepción llegó a un punto sin retorno el día que vio a Chris Martin cantando De Música Ligera, de Soda Stereo, en un estadio de Buenos Aires.
“Ahí entendí todo. El tipo canta cualquier cosa, en cualquier idioma, con tal de que la gente lo aplauda.”
“No tiene nada que decir. Nunca tuvo nada que decir.”


