Durante este Mundial y el último en Qatar, el mundo pudo ver un fenómeno cultural en el que millones de bangladesíes hinchaban por la Selección Argentina y la sentían como propia.
Alejandro Saccone vio todo eso y llegó a una conclusión, a su parecer, bastante obvia.
“Con ese fanatismo por Argentina, las minas me van a hacer fila.”
“Yo ya me imaginaba saliendo del aeropuerto y teniendo que sacármelas de encima.”
Cuando armó su valija, la llenó solamente con camisetas de la Selección Argentina.
“Así no me confunden con un alemán o un yanqui.”
Antes de viajar también pasó por la farmacia.
“Me compré unos forritos para el viaje. No vaya a ser cosa que una me quiera hacer un pibe.”
“Pensé que las minas me iban a mirar distinto. Que iban a decir: ‘Uh, argentino’. Algo.”
No ocurrió.
Los que sí se pusieron contentísimos fueron todos los machos que se cruzaron en su camino.
“Con las mujeres, nada. Pero los tipos me recibieron como a un campeón del mundo. No pararon de abrazarme, besarme, agarrarme de la cintura. Me manotearon el culo, el bulto, todo.”
“Recibí un montón de besos. Muchos de ellos llenos de sudor. Cuando llegaba al hotel me bañaba como cuatro veces.”
Más fotos, más abrazos, más hombres, más sudor.
Alejandro volvió a Argentina sin ponerla.
“Estuve lejos de ponerla.”
“Pero me sentí querido.”
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