Yusniel “Yuni” Cárdenas pensaba que los carriles eran para que cada uno cogiera el que le diera la gana.
“Yo cogía la izquierda porque iba tranquilo ahí, mi hermano. ¿Qué problema hay? Si tú vienes apura’o, búscate la vida y pásame por donde puedas.”
Hasta que alguien finalmente le explicó para qué carajo era el carril izquierdo.
En vez de discutir sin conocimiento, como está acostumbrado, Yusniel se quedó pensando unos segundos.
“Ñoooo… yo vengo haciendo eso mal hace años.”
“A veces iba a cincuenta y cinco, sesenta… normal. La gente me picaba la corneta y yo no entendía por qué. Pero yo no cojo lucha cuando me tocan la corneta. Yo decía: ‘Ñoooooo… ¿qué le pasa a este comemierda?’ y seguía manejando.”
Ahora entiende.
“Querían pasar.”
La revelación obligó a Yusniel a reinterpretar buena parte de su vida al volante.
“Una vez por la Palmetto tenía como veinte carros atrás mío. Yo pensaba que todos íbamos para la misma rumba.”
En Hialeah, dice, nadie se lo explicó nunca.
“Manejar por Hialeah es candela. Tú tienes gente virándose desde cuatro carriles, frenando donde les sale de los cojones, las direccionales están ahí sin uso… ¿cómo voy yo a adivinar que había reglas?”
Yuni, aunque reconoció su error, no tardó en encontrar culpables.
“Los cubanos recién llegados, mi hermano. Esos son un peligro. Yo ya llevo años aquí.”
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