A simple vista, los Inoportuno parecen una familia completamente normal.
Marcelo y sus hijos, Gabriel y Nicolás, llevan una vida bastante parecida a la de cualquier otra familia.
El problema es que manejan el timing como el orto.
Algunos ejemplos ayudan a entender la gravedad del problema.
El último cumpleaños de Marcelo venía bastante normal hasta que decidió excusarse para ir al baño a echarse tremenda descarga.
“Estaba cagando y de golpe entraron todos con la torta, las velitas y los celulares filmando.”
“Dale, papi, pedí tres deseos.”
“Estoy cagando.”
“Bueno, hacé fuerza y pedí el deseo.”
No fue un caso aislado.
En el velorio del padre de un amigo, Gabriel aprovechó para preguntarle si a él también le parecía que el café de Starbucks estaba sobrevalorado.
Los funerales parecen sacar lo mejor de ellos.
Nicolás decidió pedirle casamiento a su novia durante el entierro de su abuela.
“Yo vi a toda la familia junta y pensé: listo, es acá.”
Mientras su hermana estaba entrando al quirófano para una cesárea de urgencia, Marcelo aprovechó para preguntarle si había renovado el seguro del auto.
La familia asegura que está intentando mejorar.
La semana pasada lograron esperar 16 minutos antes de preguntarle a un viudo si pensaba volver a casarse.
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