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Julián llevaba semanas fantaseando con un masaje con final feliz.

Una noche abrió Google Maps y empezó a buscar.

“Busqué uno con buenos reviews. Tampoco quería meterme en cualquier lado.”

Terminó eligiendo un lugar con 4,7 estrellas.

“Decía Swedish Deep Tissue. Yo no sabía qué era, pero en mi cabeza ya había aparecido una sueca voluptuosa. Reservé ahí mismo.”

La fantasía duró hasta que llegó.

La masajista era Marta, una cubana amable de unos 60 años y manos fuertes.

“Pero yo ya estaba ahí. No me iba a tirar para atrás.”

Julián había ido decidido a que, en algún momento, le iba a preguntar por el final feliz.

“Entré, luz bajita, música suave, olor rico. Me pidió que me sacara la ropa y me acostara boca abajo.”

Marta salió y volvió a los dos minutos.

“Yo estaba desnudo abajo de una toalla pensando: bueno, veremos qué pasa.”

Empezó por la espalda.

“Me puso aceite tibio y empezó con los hombros, la espalda, la cintura. Muy bien todo.”

Durante un rato Julián no dijo nada.

“Me parecía muy temprano. Recién nos estábamos conociendo.”

En un momento Marta le preguntó si quería más presión.

“Pensé que por ahí podía meter el tema, pero ¿cómo pasás de ‘sí, un poco más fuerte’ a ‘¿hacés finales felices?’?”

No encontró la forma.

A mitad del masaje, Marta le pidió que se diera vuelta.

“Ahí pensé: listo.”

Empezó por los pies y fue subiendo lentamente por las piernas.

“Cuando llegó a los muslos dije: bueno… acá puede pasar algo.”

Julián empezó a ponerse nervioso.

“Sentí que se me estaba yendo de las manos, así que respiré profundo y traté de relajarme.”

Cada vez que Marta subía un poco las manos, Julián pensaba que había llegado el momento.

Pero siempre esperaba una señal un poco más clara.

Terminó un muslo, pasó al otro y después volvió a los hombros.

“Ahí sentí que habíamos retrocedido bastante.”

Unos minutos después, Marta terminó con el cuello, le dio dos palmadas en los hombros y se apartó.

“Bueno, terminamos.”

Julián todavía estaba buscando cómo sacar el tema cuando ella abrió la puerta.

Se vistió, pagó y dejó propina.

Nunca preguntó por el final feliz.

“Me faltó encontrar el momento.”

No descarta volver.

“Capaz la próxima ya hay más confianza.”