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Mujer en una cita dejando que otra persona pague la cena

A sus 29 años, lleva años perfeccionando un arte que pocas dominan de verdad: salir a cenar y nunca pagar.

“La idea es que él crea que de verdad se te olvidó la billetera. Eso necesita improvisación, obvio, pero también hay que llegar con la vuelta medio pensada.”

“Vos entrás al restaurante con la ropa puesta y ya. Ni billetera ni cartera. Porque si el man ve alguna de esas cosas puede llegar a pensar que tenés intención de pagar. Y no, pues.”

“Si él cree que vas a pagar de otra forma, sea con una transferencia o con una mamadita, ya ese es problema de él, mijo.”

Todo se define cuando llega la cuenta.

“Ni por el putas la mirés. Mirá el celular, sacá pechito, mordete el labio de abajo y acariciate el pelo. Ese es tu momento DIOSA de la noche. ¡La cuenta no existe!”

Si el malparido miserable llega a cometer el crimen de insinuar dividir, primero te hacés la que no escuchaste bien.

“Generá una distracción. Si de casualidad hay una amiga o una conocida en el restaurante, la mirás fijo y hacés como que te está llamando. ‘Ay, ve, ¿esa no es Natalia?’. Y te vas a saludar. De una.”

Si igual ves que la conversación empieza a ir para el lado de la cuenta, excusate para ir un segundito al baño.

“Él va a pensar: ‘ay, tan querida, fue a mirarse al espejo y a ponerse bonita para mí’.”

Nada que ver.

“Vos fuiste a echarte un buen meo y a hacer tiempo, pues. La idea es que cuando volváis ya haya vuelto el mesero y le haya preguntado al man si necesita algo más.”

Si después de todo eso sigue jodiendo con dividir, ahí ya no alcanza con distraer: tenés que actuar.

“Ponés una cara como de ‘¿cómo así?’ Bien ofendida, pero elegante.”

“‘Ay, no, qué pena, dejé la billetera en el carro’. Esa es buenísima.”

“¿Quién va a ser tan amarrado de decirte ‘andá y buscala’? No, hombre. Qué boleta.”

Si el man todavía no entendió, llegó la hora de que misteriosamente deje de funcionar Apple Pay.

“‘Ay, tengo Apple Pay, pero no sé qué le pasa hoy’. Y empezás a tocar el celular como si estuvieras intentando. Obviamente no estás intentando un culo.”

“Yo invito la próxima, tranquilo.”

Él no lo sabe, pero nunca va a haber próxima.

“Yo no salgo con manes amarrados. Qué pereza.”

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