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Personas hablando y mirando sus celulares sin decir nada importante

En 1984, George Orwell nos muestra un mundo distópico en el que, entre otras cosas, le empiezan a reducir el vocabulario a la población.

No sé si a nosotros nos redujeron la cantidad de palabras. Pero de alguna manera terminamos llegando a un lugar parecido: cada vez tenemos menos conversaciones que de verdad importan.

¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a un amigo o a un conocido por sus sueños?

¿Cuándo fue la última vez que te lo preguntaron a vos?

Hablamos.

Pero no decimos nada.

Pensá en la última conversación realmente profunda que tuviste.

¿Cuándo fue?

Te apuesto que para encontrarla tenés que irte cuatro meses para atrás, fácil.

¿Y si te pregunto cuántas tuviste en todo el último año?

Con suerte llegás a tres.

Hablamos de fútbol, de las Kardashian y de la última poronga que salió en Netflix.

Después nos sorprendemos porque una pareja se separa después de quince años y todos dicen que “nadie se lo esperaba”. O porque un tipo que vemos todas las semanas estaba pasando por el peor momento de su vida y ninguno tenía idea.

Dejemos de ponerle el filtrito de Instagram a la vida real. Digamos las cosas como son. Basta de conversaciones perfectamente editadas, de respuestas automáticas y de hablar de la nada misma.

Me estoy aburriendo.

Está bien si pensás que este no es tu caso.

Pero el 95% de los que leen esto están en esa.

¿Por qué no nos dejamos de joder un poquito y empezamos a hacer las cosas bien?

Porque esto de hablar todo el día y no decir una mierda, francamente, me tiene las bolas llenas.

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Llevame a cualquier lado