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Candela Ferraro se hizo conocida mostrando playas paradisíacas, viajes por todo el mundo y cantidades abismales de teta y culo.

En varias entrevistas se animaron a preguntarle de dónde salía tanta plata. Siempre daba la misma respuesta: acuerdos con marcas, promociones y colaboraciones.

Su Instagram ofrecía esta perlita:

“Nunca fue suerte. Fue energía, disciplina y confiar en mí.”

La disciplina a la que Candela atribuía buena parte de su éxito resultó tener nombre, apellido y setenta y nueve años.

Durante sus últimas vacaciones en Ibiza, transmitía en vivo desde un lujoso yate cuando giró la cámara un poco más de la cuenta.

En cuadro quedó un viejo en pijama largo y pantuflas, con unos anteojos enormes y toda su atención puesta en un rompecabezas.

Era Héctor Larralde, empresario mexicano y dueño del conglomerado de medios Grupo Horizonte.

Candela cortó la transmisión de inmediato, pero ya era tarde.

Sus propias seguidoras empezaron a investigar.

“Necesitaba saber si era el abuelo o el sugar daddy”, explicó una de ellas.

“Qué asco”, escribió otra.

En pocas horas ya habían encontrado todo.

El yate era de Héctor. El avión privado también. Varias fotos de Candela en Mykonos, Miami e Ibiza empezaron a tener una explicación menos espiritual y bastante más carnal.

Varios canales pertenecientes a Grupo Horizonte salieron a desmentir las acusaciones y aseguraron que Larralde no financiaba el estilo de vida de la influencer.

Pero internet es internet.

Veintiocho horas después, Candela volvió a hacer un Live para aclarar la situación.

“Héctor es un gran amigo mío. Hace años que es mi mentor y es una persona a la que quiero muchísimo.”

Negó que el empresario la mantuviera, aunque no dijo nada sobre si se la cogía o no.

“Héctor me abrió muchas puertas, eso jamás lo voy a negar. Pero cruzarlas fue mérito mío.”

Durante las horas siguientes recibió miles de comentarios.

“¿Ya te metió en la herencia o solo el pipí?”

“Si te embaraza pronto vas a terminar cambiándole los pañales al bebé y a él también.”

“Lo bueno es que ese viejo coge una vez cada medio siglo”, comentó otro.

“Necesita cuatro Viagras para levantar ese muerto.”

“Lo despierta todas las mañanas solo para asegurarse de que siga vivo.”

Candela terminó desactivando los comentarios.

Horas después publicó una historia desde la cubierta del mismo yate.

“El universo escucha. A veces hay que gritarle porque está medio sordo.”