Mariana Bértoli pasó buena parte de su vida adulta apoyando el movimiento feminista.
Hasta que empezó a hacer cuentas.
“Hace años que venimos exigiendo igualdad de derechos, autonomía, independencia económica, romper con los mandatos patriarcales y terminar con los roles de género impuestos por la sociedad.”
“Pero en ninguna de todas esas charlas y protestas nos dijeron que nos íbamos a tener que levantar todos los días a las siete de la mañana para ir a laburar, pagar un montón de cuentas y vivir cansadas.”
Mariana siente que le vendieron libertad sin explicarle cuánto salía por mes.
“Fue un poco como comprar un tiempo compartido. Te venden solamente la parte linda y encima te meten presión para que compres. Cuando te querés dar cuenta ya firmaste y estás pagando expensas.”
Su abuela, recuerda, jamás tuvo que participar de una reunión por Zoom.
“A esta hora estaría en casa rascándome las tetas.”
Y después está Shakira.
“Shakira con el tema de la facturación de las mujeres me tiene harta.”
“Facturá vos, Shakira. Yo quiero dormir la siesta.”
“Mi abuela se pasaba el día viendo novelas. Yo me paso el día mirando planillas de Excel.”
A esta altura, su definición de empoderamiento también cambió.
“Empoderada las pelotas. Estoy cansada.”
Mariana nos asegura que sigue creyendo en la igualdad de géneros.
“Pero si alguien quiere mantenerme, escucho propuestas.”
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