Vio un aviso de tests de ADN en Instagram y, como es bastante boludo y susceptible a cualquier esperanza de poder demostrar algún tipo de superioridad que no posee, sacó rápidamente la tarjeta y mandó a buscar información sobre sus antepasados.
Esperaba los resultados con entusiasmo. Ya se imaginaba llevándolos a las próximas fiestas para tener tema de conversación.
Los resultados llegaron en una carta escrita con crayón y frases de no más de cinco palabras.
La conclusión del estudio era que la familia venía produciendo pelotudos de manera sostenida desde hacía generaciones.
“Mi bisabuelo era pelotudo también.”
“Era obvio que la pelotudez no era un accidente aislado, sino una tradición familiar”, explicó su mujer.
“Yo pasé las fiestas con su familia y la verdad que son todos bastante pelotudos.”
“El laboratorio tardó tres semanas en darse cuenta. Yo con una cena ya lo sabía.”
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