Darnell Brooks creció en Englewood, Chicago, un barrio predominantemente afroamericano.
Fue en el locker room de su secundaria donde empezó a sospechar que algo estaba mal con su cuerpo.
Darnell recuerda que “en ese vestuario había vergas gigantes por todos lados.”
En las duchas era donde peor la pasaba. Sus compañeros lo señalaban y se cagaban de risa.
“¡Jajajaja! ¡Miren a Darnell y su pito promedio!”
“No hay nada fuera de lo común con el tamaño de mi miembro. No entiendo por qué hacen tanto quilombo.”
Preocupado, se puso a googlear y descubrió que el suyo está a apenas 0,2 centímetros del promedio mundial.
“Estoy dentro de todos los parámetros internacionales. Científicamente hablando, tengo un Phallus mediocris.”
“Poné mi pito en el cuerpo de un blanco, un latino o un chino y nadie dice nada. Siento que estoy a un vuelo internacional de tener un pito grande. Estoy viviendo en el país equivocado.”
Sus primeras experiencias sexuales fueron particularmente frustrantes.
“Las minas siempre vienen con una idea armada: que el negro la pela y les agarra ese miedo de ‘esto no entra ni en pedo’.”
“La decepción se les nota en la cara ni bien me bajo los pantalones.”
“Es como pedir un caballo y que te llegue un pony.”
Una de sus exnovias confirmó que el problema nunca fue realmente el tamaño.
“No era chico. Era normal. Pero bueno… él es negro.”
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