Luego de nueve largos años de soltería, Yamilet todavía se sorprende de no haber encontrado al hombre de sus sueños.
—Ya no quedan hombres buenos —dice frustrada.
Al preguntarle qué busca en un hombre, Yamilet abrió su Toyota Corolla, agarró su cartera Louis Vuitton de dudosa procedencia y sacó una hoja, doblada en cuatro, con 47 requisitos.
Dentro de su lista figuraban, entre otros, los siguientes requerimientos:
- Altura: mínimo 1,85. “Para enanos está Blancanieves”, nos dice con una sonrisa falsa.
- Dinero: Preferentemente muy buen pasar. Para pobre esta ella.
- Físico: “Como Cristiano Ronaldo. Ese cuerpo me gusta mucho.”
- Familia: buena relación con sus padres, pero a la suegra no la quiero ni cerca.
- Pelo: abundante. “Ya con entradas me da pereza hablarles.”
- Viajes: que le encante viajar y quedarse en hoteles caros con room service, así no salimos en todo el día.
- Edad: “Aceptaría hasta tres años mayor que yo”, dice, aunque sospechamos que por el candidato ideal y suficientemente adinerado el margen podría ampliarse considerablemente.
- Inteligencia: culto, interesante y capaz de mantener una conversación chévere. “Con título universitario”, exclama, aunque ella solo termino la secundaria.
- Romanticismo: “¡Que me viva sorprendiendo!” —básicamente, que la llene de regalos todo el tiempo.
- Hijos: sin hijos pero con enormes deseos de formar una familia.
- Sexo: experimentado, pero para nada exigente.
La lista continuaba durante otras 32 condiciones.
“Estoy en todas las aplicaciones de dating, pero no he tenido suerte. Parece que a ellos solo les interesa una cosa”, se lamenta Yamilet, aludiendo al sexo desenfrenado.
Yamilet busca un hombre excepcional. El pequeño inconveniente es que los hombres excepcionales también tienen una lista y, lastimosamente, Yamilet no cumple muchos de sus requisitos.


