Después de 38 años negando lo que para todos es obvio, Aída finalmente lo admitió: “Pedro me salió tonto.”
Aunque Pedro vive solo hace tres meses, cualquier problema doméstico activa inmediatamente el mismo protocolo: aparece un problema, se preocupa y llama a mamá.
Pedro se queja absolutamente de todo, pero no busca soluciones para nada.
Si algo sale mal, protesta.
Si algo cuesta, larga.
Pedro no resuelve problemas. Los padece hasta que alguien se los resuelve.
En Instagram, cada molestia es una epopeya personal.
Después de sobrevivir una gripe leve, publicó:
“Dios le da las peores batallas a sus mejores guerreros.”
Aída nos cuenta que tuvo 37,5 de fiebre y faltó tres días al trabajo.
No tiene novia ni anda buscando un agujero.
“Así no va a conseguir una mina nunca”, lamenta su madre.
Aída reconoce que su manera de criarlo le arruinó la vida.
Desde chico, nunca dejó que Pedro resolviera ningún tipo de problema. Ante la mínima queja, aparecía mamá.
Si algo no le salía, lo hacía por él.
Si tenía un quilombo, mamá lo hacía desaparecer.
“Yo pensé que lo estaba ayudando”, explicó Aída.
“Resulta que le resolví tanto la vida que él nunca aprendió a hacer nada solo.”
Aída dice que llegó el momento de que Pedro aprenda a arreglárselas solo.
Pedro le pidió que le explique cómo.


