CHISME: Histórica ronda de golf entre Trump y Kim Jong Un termina en empateCHISME: Científicos preocupados porque El Niño se estaría convirtiendo en El AdolescenteCHISME: Ataque de drones en Rusia deja sin novia virtual a cientos de americanosCHISME: Pareja se ve obligada a elegir bando tras el divorcio de sus amigosCHISME: Gabriel mantiene viva la esperanza de coger con alguna de las 3.487 chicas que sigue en InstagramCHISME: Amazon analiza la compra del AmazonasCHISME: Sebastián se equivoca y pide pasta con pesto en su primera citaCHISME: El papá de Bonnie Blue comparte sus mejores consejos para criar una hija excepcionalCHISME: Histórica ronda de golf entre Trump y Kim Jong Un termina en empateCHISME: Científicos preocupados porque El Niño se estaría convirtiendo en El AdolescenteCHISME: Ataque de drones en Rusia deja sin novia virtual a cientos de americanosCHISME: Pareja se ve obligada a elegir bando tras el divorcio de sus amigosCHISME: Gabriel mantiene viva la esperanza de coger con alguna de las 3.487 chicas que sigue en InstagramCHISME: Amazon analiza la compra del AmazonasCHISME: Sebastián se equivoca y pide pasta con pesto en su primera citaCHISME: El papá de Bonnie Blue comparte sus mejores consejos para criar una hija excepcional
Hombre confundido mientras sospecha que algo extraño ocurre en su casa

En su modesta vivienda de Longchamps, provincia de Buenos Aires, ocurrían cosas muy extrañas al menos tres veces por semana.

Ahí vivía con Stephanie, su esposa desde hacía más de dieciséis años.

A medida que los episodios se acumulaban, Andrés empezó a contárselos. Ella, rápida y muy hábilmente, le cambiaba la historia de lo que él había visto con sus mismísimos ojos.

Ella nunca le había dado motivos para desconfiar. Andrés le creía absolutamente todo lo que decía. Terrible ganso.

“¿Qué mierda me está pasando?”, se preguntaba cada vez más seguido.

Su padre había sufrido esquizofrenia durante casi toda su vida.

Siendo hipocondríaco, Andrés no tardó en sacar sus propias conclusiones.

“Creo que estoy empezando a recorrer el mismo camino”, lamentó.

Las señales

Todo empezó el verano pasado.

El ruido del tren ya formaba parte del paisaje sonoro de la casa. Después de tantos años viviendo ahí, Andrés ya ni lo escuchaba pasar. Dormía profundamente toda la noche, hasta que lo despertaba el despertador o su próstata agrandada.

Muchas noches escuchaba la voz de un hombre en el patio de su casa. Nunca llegaba a ver nada. Al igual que Andrea Bocelli.

“Anoche había alguien afuera”, le dijo una mañana a Stephanie.

“No había nadie. ¿De qué hablás?”, respondió ella.

Una mañana encontró dos copas de vino junto a la pileta.

Stephanie, más rápida que Flash con diarrea, respondió:

“No tenía ganas de entrar a servirme otra, así que me llevé dos.”

Después apareció un calzoncillo de leopardo talle Large en el baño.

“Te lo pedimos en joda para ese Halloween que te pusiste un pedo catastrófico. ¿Ya te olvidaste?”, le aseguró Stephanie.

Un día, ya bastante perseguido, decidió revisarle el celular. Encontró decenas de llamadas a un contacto agendado como “Plomero”.

También encontró mensajes.

“Tengo todo el drenaje tapado. Vení ya que el oso ronca”, decía uno.

Le preguntó a Stephanie desde cuándo tenían problemas con las cañerías.

“Pasa siempre cuando vos te quedás dormido”, respondió ella.

Todos los martes, a las 2:15 de la tarde, Stephanie salía a caminar.

Por más que Andrés insistiera en acompañarla, ella siempre le decía lo mismo:

“Dejame ir sola así me despejo. En un ratito vuelvo.”

El martes pasado, ese ratito duró tres horas y diecisiete minutos, para ser exactos.

Volvió despeinada y con una sonrisa enorme.

“¿Qué tal estuvo, amor?”, le preguntó Andrés.

“Qué manera de caminar. Quedé exhausta. ¡Todavía me tiemblan las piernas!”, respondió ella.

El desenlace

La posibilidad de estar desarrollando esquizofrenia lo consternaba cada vez más.

Se hizo varios estudios. Todos le dieron bien.

El psiquiatra fue el primero que intentó avivarlo cuando, de manera muy poco profesional, le dijo:

“Además de boludo, sos cornudo.”

Andrés ignoró el comentario.

Hasta que llegó el día en que supo la verdad. O mejor, la noche.

Fue durante la fiesta de Navidad.

Su sobrino, de siete años y portador de una cara de pelotudo realmente extraordinaria, se había tomado en secreto tres copas de champagne que distintos adultos fueron dejando por ahí.

Tenía un pedo importante cuando le dijo:

“Escuchame, Andrés… dejá de hacerte el boludo… sos cornudo. Todo el mundo sabe. Tu mujer te gorrea con el vecino de enfrente.”

A Andrés finalmente se le cayó la venda de los ojos.

“Los borrachos y los niños no mienten”, exclamó.

Su sobrino era niño y, circunstancialmente, también borracho.

Tardo mas que cachetada de Stephen Hawking en caer pero finalmente le cayo la ficha.

El vecino de enfrente, más joven, con abdominales, un pelo largo espectacular y sonrisa Colgate, se estaba moviendo a su señora desde el verano pasado.

“Fue un alivio enorme”, explicó Andrés.

“Por un segundo pensé que me estaba volviendo loco.”

“De los cuernos no se salva nadie. De la esquizofrenia me salvé yo.”

Más noticias satíricas sobre salud mental, parejas y diagnósticos en Viejas Chusmas.

Llevame a cualquier lado