Esa noche de verano, había bastante alcohol, algo de falopa y una discusión completamente innecesaria para ver quién había cogido más.
“¿Qué mirás, gil?”, le dijo el pito de Brad al de Leonardo. Venía con varias copas encima y cero ganas de mantener la uretra cerrada.
“Estoy más cerca del récord que vos”, respondió el pito de Leonardo.
“¿Qué récord?”
“El de goles, pelotudo. ¿Cuál va a ser?”
“Chupadas de pito no cuentan.”
“¿Y tríos?”
“Dos goles.”
“Ni en pedo. Una jugada, un gol.”
El pito de Brad sacó el tema del matrimonio.
“Yo estuve varios años casado. Vos jugaste toda tu carrera de soltero.”
“Sí, pero tenías relación abierta. Vos tenías el arco enfrente. Si no la metías, es por cagón.”
El pito de Leonardo recordó una temporada complicada.
“No te olvides que yo estuve ocho meses afuera de las canchas por una tendinitis uretral. Si no, te sacaba veinte goles más.”
El pito de Brad sabía por dónde lastimarlo.
“Me contaron que una noche de 2019 estabas más flácido que un fideo pasado y terminaron viendo American Idol. Vergüenza te debería dar.”
“Había tomado un montón esa noche, hijo de puta.”
“No fue un rumor. Fue un papelón.”
El de Brad quiso aclarar una regla más.
“¿Negra vale doble?”
“¿Qué decís, pedazo de forro? No seas racista.”
El pito de Leonardo estaba acompañado por una joven modelo israelí de veintidós años.
“Con la que tengo acá al lado hoy sumo un puntito.”
“No seas tramposo y anotala después de consumado el hecho.”
La modelo, ofendida por los comentarios desubicadísimos de ambos pitos, se levantó, agarró la cartera y se fue.
El pito de Brad la vio alejarse.
“Poné cero.”
Más noticias satíricas sobre famosos y celebridades en Viejas Chusmas.


