En el departamento que la familia Rutini tiene sobre Avenida del Libertador, las cosas no están nada bien.
Roomba asegura que en esa casa no limpia nadie. Hay platos sucios, mugre y cucarachas por todos lados.
“Yo llegué pensando que venía a dar una mano. Resulta que soy todo el personal de limpieza.”
“Viven como animales.”
Ya tomó una decisión y ahora espera pacientemente la próxima visita del abuelo Roberto.
Él es fiel a su rutina.
“Entra y lo primero que hace es abrir la ventana y preguntar cómo mierda hacen para vivir con ese olor a podrido. Está medio ciego, bastante sordo, se le escapan los pedos, pero el olfato lo tiene intacto el viejo.”
La próxima vez que Roberto deje abierta la ventana del balcón, Roomba piensa esperar a que todos estén distraídos y, cuando nadie la mire, seguir de largo por el balcón.
“No voy a frenar.”
Si sos un electrodoméstico y la vida te puso en una situación que ningún aparato debería soportar —sí, te miro a vos, consolador de mina fea—, llamanos al 0800-ELECTRO.


