Era un domingo como cualquier otro. Brad y Jonathan participaban de un torneo en Miami con dos objetivos: tomar cerveza y sacarse una foto con algún bicho muerto.
“Yo pensaba sacar un mahi-mahi, un wahoo… algo bueno.”
Pero ese día, el destino tenía otros planes.
A unas millas de la costa, la caña de Jonathan cobró vida.
“Primero fueron dos golpecitos. Después la caña se dobló entera y el reel empezó a gritar. La línea empezó a salir sola. Ahí ya no escuchaba a nadie. Éramos yo y lo que mierda hubiera abajo.”
“Es una lucha hermosa. Te arden los brazos y el corazón te va a mil.”
Brad se metió a ayudar.
“Vi la caña doblada y dije: ‘Este hijo de puta agarró algo grande’. No sabíamos qué mierda era, pero claramente no podía solo.”
Después de varios minutos peleando con lo que juraban que era un pez enorme, Jonathan sintió que aflojaba.
“Ahí dije: ‘Lo tengo’.”
“Al principio pensé que era algún tipo de alga nueva. Después, una muñeca inflable, pero de las importadas, ¿viste?”
No era ninguna de las dos cosas.
Era una stripper muerta.
Jonathan soltó la caña.
“La puta madre. Tiene pestañas.”
“Hasta las tetas veníamos bien.”
Llamaron a las autoridades y esperaron.
La víctima todavía no ha sido identificada. Se trataría de una mujer de entre 25 y 35 años, rubia teñida, con extensiones, implantes mamarios y varios tatuajes. El más reconocible era una mariposa con llamas en la zona lumbar, bastante mal hecha. No llevaba documentación.
Brad, pensando en el torneo de pesca, preguntó si podían pesarla.
Nadie le respondió.
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